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Vitamina A para tu cuerpo

Las vitaminas son nutrimentos que actúan como catalizadoras de todos los procesos fisiológicos (directa e indirectamente).

Las vitaminas (del latín vita (vida) + el griego ammoniakós, “amoniaco”, con el sufijo latino ina "sustancia") son compuestos indispensables para la vida, que promueven el correcto funcionamiento del cuerpo. La mayoría de las vitaminas esenciales no pueden ser sintetizadas (elaboradas) por el organismo, por lo que solo podemos obtenerlas a través de la dieta, equilibrada de vitaminas contenidas en los alimentos naturales.

Las vitaminas son precursoras de coenzimas, (sustancias que no son propiamente enzimas) grupos prostéticos (complementos) de las enzimas. Esto significa, que la molécula de la vitamina, con un pequeño cambio en su estructura, pasa a ser la molécula activa, sea ésta coenzima o no. La deficiencia de vitaminas se denomina avitaminosis mientras que el nivel excesivo de vitaminas se denomina hipervitaminosis.

Uso de las vitaminas

En Egipto, hacia el año 1500 a. C. se describió por vez primera el tratamiento de la ceguera nocturna (enfermedad producida por falta de vitamina A). Hipócrates prescribía hígado untado en miel a aquellos niños que en un estado de desnutrición padeciesen de ceguera. En 1906, investigaciones en la alimentación del ganado determinaron que existían otros factores además de los carbohidratos, proteínas y grasas que eran necesarios para mantener la salud de los animales. Entre los años 1912-1914, uno de esos factores fue descubierto por Elmer McCollum y Margaret Davis en la Universidad de Wisconsin-Madison, y en 1913 por Lafayette Mendel y Thomas Burr Osborne en la Universidad de Yale, estos últimos que descubrieron un factor liposoluble en la mantequilla. En 1919, Harry Steenbock de la Universidad de Wisconsin-Madison propuso una relación entre los pigmentos amarillos de los vegetales los β-carotenos y la vitamina A.

La vitamina A

La vitamina A o retinol es una vitamina liposoluble (soluble en grasas) que ayuda a la formación y mantenimiento de dientes sanos y cuida la salud de los tejidos blandos y óseos, de las membranas mucosas y de la piel. La vitamina A es esencial para el ser humano. Se le conoce también como retinol, ya que genera los pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina (captación de la luz). Desempeña un papel importante en el desarrollo de una buena visión, especialmente ante la luz tenue. Es necesaria para el crecimiento y la diferenciación del tejido epitelial, y se requiere en el crecimiento del hueso, la reproducción y el desarrollo embrionario. Junto con algunos carotenoides, la vitamina A aumenta la función inmunitaria, contribuye a reducir las consecuencias de ciertas enfermedades infecciosas que pueden ser mortales. El β-caroteno, que tiene propiedades antioxidantes, es un precursor de la vitamina A.

La cantidad de vitamina A es con frecuencia expresada en Unidades Internacionales (UI). 1 UI vitamina A = 0.3 µg de retinol. La absorción de las provitaminas (como betacaroteno), depende en gran parte de la cantidad de grasas ingeridas, ya que éstas incrementan la absorción de las mismas. La ingesta diaria recomendada de Vitamina A (referencia Estados Unidos), son 5000 UI (o 3 mg de betacaroteno), para hombres y 4000 UI (o 2.4 mg betacaroteno), para mujeres. El límite máximo es de 10000 UI de retinol (vitamina A).

El límite máximo es referido a las formas retinoides de la vitamina A, pues en forma de carotenos provenientes de la dieta, no resulta tóxica para el organismo.

Alimentos con vitamina A

De la siguiente lista de alimentos, cada uno contiene al menos 0.15 mg de retinol (lo que es equivalente a 150 microgramos o 500 UI) de vitamina A o betacaroteno por 50 o 200 g del alimento aproximadamente: hígado (res, cerdo, pollo, pavo, pescado) (6500 µg 722 %); zanahorias (835 µg 93%); brócoli (800 µg 89%); papas dulces (camote); col rizada (681 µg 76%); mantequilla (684 µg 76%); espinaca (469 µg 52%); calabaza (369 µg 41%); lechuga verde (333 µg 37.5%); melón (169 µg 19%); huevo (140 µg 16%); papaya (55 µg 6%); mango (38 µg 4%); chicharos (38 µg 4%). La vitamina A proviene de fuentes animales como el huevo, la carne, la leche, el queso, la crema, el hígado, el riñón y el aceite de hígado de bacalao. Sin embargo, todas estas fuentes tienen un alto contenido de grasa saturada y colesterol, por lo que debemos balancear muy bien su consumo.

Las fuentes de betacaroteno son principalmente vegetales como la zanahoria, calabaza, camote, melón, calabaza, toronja, brócoli, espinaca y la mayoría de las hortalizas de hoja verde. Cuanto más intenso es el color de la fruta u hortaliza, mayor es el contenido de betacaroteno. Estas fuentes vegetales de betacaroteno no contienen grasa ni colesterol.

Consecuencias de la deficiencia

Dentro de las primeras manifestaciones que ocasiona el déficit de vitamina A, se encuentran los problemas de la vista, y más concretamente en la visión nocturna. Un déficit prolongado genera cambios radicales a nivel ocular, la más grave se conoce como xeroftalmia. Primero se produce sequedad en la conjuntiva (xerosis) y el epitelio normal del conducto lagrimal y de la mucosa es reemplazado por un epitelio queratinizado (cicatrizado). Luego, ocurre una acumulación de la queratina en placas blancas pequeñas en los bordes del ojo y, finalmente, se produce una erosión (desgaste) de la superficie rugosa de la córnea, con ablandamiento y destrucción de la misma, lo que trae como consecuencia ceguera total. Otros cambios incluyen el incremento de la susceptibilidad a las infecciones (de vías respiratorias).

Debido a que la vitamina A es liposoluble y no se excreta con facilidad, es posible llegar a consumir un exceso a través de la dieta. Algunos de sus efectos tóxicos son la aparición de náuseas, ictericia, irritabilidad, anorexia, vómitos, visión borrosa, dolor de cabeza, dolor y debilidad muscular y abdominal, somnolencia. Por lo general, la toxicidad aguda ocurre con dosis de 25000 UI/kg, mientras que la toxicidad crónica, ocurre con 4000 UI/kg diarias por 6 a 15 meses.

Si sufres de enfermedades crónicas de vías respiratorias, la mejor opción es consumir alimentos de color verde oscuro, o frutos de colores amarillos o rojos por tener alto contenido de betacaroteno, la forma no tóxica de la vitamina A, especialmente en las temporadas de lluvias o cambios bruscos de temperatura, como medida de prevención. Asimismo, el betacaroteno protege la piel cuando se broncea (cuando se convierte en vitamina A). En casos de acné o problemas de piel, se recomienda más aplicar cremas que contengan vitamina A para favorecer la correcta cicatrización. Consumiendo esta vitamina con cuidado, podemos obtener importantes beneficios tanto preventivos como correctivos en nuestra salud.

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